Consejos para decorar el Ático

Si existe un habitáculo con historia, rodeado de fantasía y todo tipo de leyendas novelescas, ese es la buhardilla. En ella se han refugiado grandes escritores, bohemios y jóvenes revolucionarios convencidos de que podían cambiar el curso de la historia. La última planta de los edificios de las grandes ciudades -ático, buhardilla o desván- también estuvo reservado en el pasado a la servidumbre doméstica que, por falta de recursos, se vieron obligados a habitarlos. La mejor prueba de que era la parte innoble del edificio.



Sin embargo, hoy es el espacio más cotizado y glamoroso de cualquier construcción, vieja o nueva, de una gran ciudad. Gracias a la aparición de materiales y complementos capaces de contrarrestar los inconvenientes medioambientales que conlleva habitar un último piso, las buhardillas y los áticos no sólo se han puesto de moda sino que se asocian con calidad de vida.

Se entiende por buhardilla el espacio comprendido entre el tejado y el techo más alto de una casa, destinado a protegerla del frío, del calor y del sol. Actualmente, ya no se construyen edificios con huecos vacíos en el tejado y quedan muy pocas viviendas antiguas que lo conserven.


La revalorización de las buhardillas ha sido de tal calibre que hacerse una de ellas constituye todo un triunfo. Es el nuevo símbolo de estatus de las clases adineradas y lugar elegido por jóvenes arquitectos y nuevos diseñadores para mostrar sus últimos trabajos, convirtiéndose así en escaparate de las nuevas tendencias decorativas.

Hasta mediado del siglo pasado las buhardillas no eran apreciadas por nadie, sólo los más pobres e indigentes se atrevían a vivir en ella obligados por las circunstancias. Era un espacio olvidado, cuando no menospreciado por la inmensa mayoría de la población. Debido a su formas irregulares y casi siempre poco accesibles, se utilizaba fundamentalmente como trastero o almacén de trastos viejos.

Cómo decorarlo

En la actualidad, sus planos inclinados y estructura caprichosa es demandada por los amantes de la asimetría. Para los interioristas es el lugar ideal para plasmar sus fantasías y mostrar su capacidad creadora. Por esta razón es el espacio que más se ha revalorizado en las viviendas antiguas. Una buhardilla de cincuenta metros cuadrados cuesta más que un piso de entreplanta.

Una opción ideal, si deseas instalar espacios para la privacidad, consiste en establecer zonas bien diferenciadas: una de trabajo y estudio y otra de descanso y ocio, unidas por un mobiliario hecho a medida.

En este tipo de espacio los colores son de vital importancia, ya que han de servir como enlace y, a ser posible, deben ser de tonalidades neutras. Unas pinceladas de magenta y violeta en la tapicería del sofá quedarán perfectas. Otro factor a tener en cuenta es el pavimento.

La tarima flotante es perfecta para este tipo de vivienda, incluyendo los zócalos de las paredes. En cuanto al mobiliario, entre más funcional mejor, pero sin descuidar el diseño. Un sofá modular, de forma irregular, tapizado en algodón o piel, colocado de manera que las diferentes piezas se pueden acoplar según las necesidades de cada momento del día.

Una mesa de estudio rectangular y polivalente, realizada en madera con cantos a media caña, soportada por tres pies metálicos y dos cajones en colores fuertes; sillas con asientos y respaldo en plancha perforada y patas metálicas; dormitorio con armarios roperos con frente en DM lacado y puertas de espejo, resultan perfecto para adaptar el ambiente a cualquier estilo decorativo. Para completar el mobiliario, unos gruesos estantes de vidrio transparente empotrados en la obra en vez de estar sujetos por los soportes tradicionales.