La iluminación con un punto de luz

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Si ya nos cansamos de los típicos fluorescentes o necesitamos mayor precisión en el alumbrado, la opción más decorativa es ubicar un punto de luz en una zona estratégica para crear un efecto de intimidad o simplemente proporcionar la iluminación necesaria para realizar alguna tarea específica.

Como su nombre lo indica, los puntos de luz dan la sensación de ser luces incrustadas en la pared o adheridas a las lámparas sin cables, aunque en realidad han sido camuflados dentro de los dispositivos o la propia pared.
Para realizar la instalación se requiere precisamente de tres tipos de cables: el llamado de tierra, el de fase y el neutro, que se diferencian por los colores verde-amarillo, negro y azul, respectivamente. Así mismo, cualquier emisor -desde una lámpara hasta un proyector- y un interruptor cercano.
Actualmente, las construcciones modernas incluyen empotrados para hacer la conexión directa. Sin embargo, en las casas antiguas no nos queda de otra que pasar el cable negro por uno de los orificios del interruptor y continuar el recorrido por el hueco contiguo hasta introducirlo en el emisor de luz.
Luego debemos repetir el mismo procedimiento con el cable a tierra (el verde-amarillo) por los orificios restantes y llevar directamente el cable neutro hasta la lámpara. Cabe señalar que durante todo el proceso debemos desconectar la electricidad para evitar accidentes.
Podemos cubrir los cables enrollándolos dentro del zócalo de la lámpara y pintando lo que queda del mismo color de la pared. De lo contrario, podemos jugar con el largo, colocándolo de tal manera que se vea como parte del emiso